Contra Manuel Alcaraz

manolo

Gustau Muñoz

Quin nivell, sí senyor. Reproduïm ací baix un article paradigmàtic del nivell de discussió que alguns voldrien imposar al País Valencià com a subproducte de la premsa incendiària i destructiva madrilenya. Aquest ignot Francisco D. González, autor de l’article, escriu a “El Mundo” edició valenciana, des d’Alacant, aquesta escopinada bavosa a propòsit del text “Acord del Consell sobre la Reforma Constitucional”, atribuït, amb bones raons, al conseller i professor de Dret Constitucional de la Universitat d’Alacant En Manuel Alcaraz i Ramos. Un text de bona fe, elaborat amb criteris tècnics i polítics solvents. Es pot estar o no d’acord amb uns o altres aspectes, però la premissa de qualsevol acció comunicativa o deliberació democràtica, com la que implica debatre una proposta d’aquesta naturalesa, és:

a) el respecte; b)aportar arguments; c) buscar consensos.

Aquest senyor González, d’Alacant, contravé totes les premisses: és barroer, “chusco”, “chabacano”, ignorant, d’una vulgaritat provinciana de barra de bar que tomba de tos.  Manuel Alcaraz, en canvi, és una persona sensata, digna, estudiosa i moderada. Quin “diàleg” es pot establir entre el raonament i l’exabrupte? Un exabrupte, això sí, nacionalista-espanyolista, antivalencianista, pro-centralista, excitat, supremacista i negatiu. Res de bo se’n pot esperar. La bèstia estava adomida i s’ha despertat?  Qui ho sap. Sí que sembla ser cert que fa poc, en despertar-nos nosaltres, hem pogut comprovar que el monstre estava ahí, on sempre. El monstre: la fòbia caïnita a l’entesa racional i a l’argumentació “bona fides”. La preferència pel garrot i l’anatema. Per la forca i la foguera a la plaça de la Inquisició. Senyor, quina creu!

La ‘Manuela’, la nueva Constitución


El president de la Generalitat, Ximo Puig, saluda al conseller de Transparencia, Manuel Alcaraz (i), durante el acto de presentación de la propuesta valenciana de reforma de la Constitución Española el pasado martes en Valencia. EFE

EN LOS bares de Alicante no se habla de otra cosa que no sea la propuesta de reforma de la Constitución que esta semana ha presentado en hedor de multitudes el septón supremo del bipartrito antinacionalsocialista y conseller de Oscurencia, el compañero del metal Manuel Alcaraz. Basta con pasarse por el Damasol, el Guillermo, el Ferrao o el Confetti para comprobar el éxito y calado entre el vulgo del proyecto alcaraciano, que básicamente consiste en cargarse esa cosa que se llama España y el consenso del 78 para blindar los reinos de taifas autonómicos a modo de chiringuitos nacionalistas en los que el Estado ni puede pinchar ni mucho menos cortar.

No obstante, hay que reconocer que el profesor tiene más discurso y cogollo intelectual que el resto de sus camaradas de gabinete -probablemente el que más-, y que eso es del gusto de Puigximo, que usa al interfecto para pulir y pergeñar su doctrina de la plurinacionalidad del Estado federal y otras hierbas pluribobas. Sabemos que Alcaraz es conseller, no se sabe bien de qué, pero ahora ya se ha resuelto el porqué. O al menos uno de los porqués.

La ‘Manuela’, como debería conocerse a la Constitución de Alcaraz aunque se presentó el día de San Baldomero, se expone como el método idóneo de «mantener unido lo que es diverso», lo que además de cursi, es falso. El constitucionalista anticonstitucional, entre otras cosas, plantea una descentralización tramposa sin control por parte de la centralidad, es decir, que las comunidades autónomas, basándose en unos supuestos hechos diferenciales, puedan hacer lo que quieran dentro de sus competencias sin que el Estado pueda entrometerse, pero con la capacidad de estas regiones de meterse en los asuntos propios de la Administración Central, lo que permitiría al tinglado diseñado por Alcaraz atar la imposición de las lenguas propias en detrimento del español, eliminar las provincias, y, como no, la creación de nuevos impuestos, porque el invento sin el rejonazo en los bolsillos no tiene aclare. La ‘Manuela’ se merece un 155.

Ignoro si la ‘Manuela’ aspira a convertir a esta nuestra Comunidad en un estado libre asociado o en un subproducto del federalismo asimétrico, pero lo que es seguro es que el brindis al sol de Alcaraz y Puigximo, Puigximo y Alcaraz, seguirá copando las conversaciones y preocupaciones de los bares de Alicante. Que enchufen ya À Puig, por favor, y que la tele autonómica se garantice por la ‘Manuela’. Total, ya puestos…

francisco.gonzalez@elmundo.es

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